miércoles, 23 de febrero de 2011

ALGUNOS HAIKUS DE 3º A

 



Y las luciérnagas
guardan un gran secreto:
la bonita luz.
(Miriam Reguera, 3ºA)





 Los corazones
decidieron mudarse,
llegó el invierno.

Nada se agita
en esta nevada y
fría mañana.
(María Maquieira, 3ºA)



Sobre este cielo
bajo el muelle de plata
vuelan las aves.

Flotan las hojas
ardientes de los robles
sobre este río.

(Cecilia Vidal, 3ºA)



Cayó la noche,
llegó la oscura niebla,
reinó el silencio.

¿Es o no es
el sueño que olvidé
antes del alba?
(Christian Durán, 3ºA)



Baúl cerrado
en el rincón del cuarto
¡viejos recuerdos!

(Ana Mª Castro)




Ella, el nexo
que une la poesía
con mis principios.

(Óscar Fernández, 3ºA)

miércoles, 16 de febrero de 2011

Ejemplo de microrrelato, a partir de una foto.


El próximo retrato
Mr Howards se había reunido pocas horas antes con su colega, el doctor Madison. Había sido una de esas conversaciones en las que las palabras ya estaban pactadas de antemano al poco de iniciarse el diálogo, pues todo eran aseveraciones en torno a un antiguo tema: la venta de la vieja mansión de Sir Rogers Chandler, la cual, por azar, había pasado a la propiedad de Mr Howards, quien había contraído matrimonio en extrañas circunstancias con la hija del propietario, un conde siniestro venido a menos en tiempos modernos.
Sir Rogers tenía el poder de reunirse con las viejas glorias de la familia, las cuales desfilaban en forma de retratos convenientemente alineados a lo largo de la empinada escalera que transportaba desde el primer piso hasta el desván, en la torre central de la casa. Todos los retratos, por poco observador que se fuese, tenían en común algo: la mirada del más allá. De los ojos de cada personaje salían torrentes de misterio indescifrable, que envolvían al observador y lo trasladaban a la irrealidad, pues tal era su poder para suprimir de un plumazo el presente. Uno, al detenerse en cada peldaño para mirar los retratos, era subyugado por esa fuente de atracción que desprendían las miradas de cada personaje. Y así fue cómo Mr Howards se enamoró de la dama del vestido de seda verde y cabellos dorados que presidía el centro de la escalera.
La primera vez que llegó a la mansión fue fruto del azar. Él, de profesión abogado, debía visitar a un importante banquero de la zona, pero ese día, soleado y magnífico a las primeras horas de la mañana de un inusual invierno, se tornó oscuro y tenebroso al declinar la tarde. El carruaje de caballos en que viajaba perdió una rueda y se desengancharon los caballos, que huyeron despavoridos al primer trueno y relámpago que iluminó la noche. En vista del fuerte aguacero y vislumbrando la mansión de los Chandler, Mr Howards se allegó a la puerta de la casa. Y cuando fue conducido al cuarto de invitados que amablemente le ofrecieron para pasar la noche, allí, en ese descansillo de la imponente escalera con artesanados de madera oscura que crujía bajo sus pies, encontró la que sería el amor de su vida.
La luz de la habitación contigua se encendió de pronto, a pesar de que aparentemente, nadie la ocupaba. En plena noche, Mr Howards salió de su cuarto y se adentró en aquel otro del ala izquierda de la casa, fuertemente atraído por su luz. Y allí, sobre un diván, estaba la dama de la mirada misteriosa y profunda del cuadro de la escalera.
Pocos días después, contrajeron matrimonio en la pequeña capilla de la casa, cercana al cementerio. Y esa misma noche, Sir Rogers murió. El doctor Madison certificó el deceso. Y ese día, la luz que iluminaba la habitación del ala izquierda se apagó. Mr Howards, después del entierro y  después de recibir el pésame de los del lugar, retornó a la casa: solo pensaba en estar a solas ya con su dama. Buscó por todos los rincones, subió y bajó las escaleras para verla, pero ella no estaba, ni siquiera el cuadro con su retrato. En lugar de este se hallaba el retrato de Mr Rogers, con la mirada del más allá, y al fondo del cuadro, una luz: la del cuarto en que halló a la dama del vestido de seda verde y cabellos dorados.
                                                                                               
                                                                                                                                                   Ana Luz

miércoles, 2 de febrero de 2011

MICROLITERATURA- Propuesta de actividades y textos.

Durante este trimestre vamos a trabajar la microliteratura (la macro ya la estudiamos en clase...), donde podemos encontrar textos cortos (algunos muy muy cortos) pero que no por ello carecen de valor literario. Nos referiremos a dos distintos: uno, en versión poética, y otro, en versión narrativa: son los HAIKUS y los MICRORRELATOS (que llamaremos microcuentos, aunque haya diferencias).

- HAIKUS: el haiku japonés es un poema que tiene una rígida estructura: son 17 sílabas que se han de repartir en tres versos, a razón 5-7-5, y no llevan rima. En ellos se puede recoger una sensación, una duda, una opinión, un sentimiento, un paisaje, y hasta una breve anécdota. El haiku es en sí mismo una unidad, un poema mínimo y no obstante completo. De ahí su visión instantánea, su condición de chispazo, a veces su toque de humor o de ironía. Bashoo dejó para la posteridad esta curiosa definición: "Haiku es simplemente lo que está sucediendo en este lugar, en este momento".
Para hacer un haiku podemos observar la naturaleza que nos rodea e intentar describir un pequeño detalle de ella que nos transmita alguna sensación, valiéndote de una metáfora o de una comparación. El haiku está relacionado con la filosofía zen. Hay muchos autores de la literatura española que escriben haikus; y tú "puedes ser uno de ellos" si te animas a escribir los tuyos. Se pueden hacer teniendo en cuenta una imagen mental o bien crearlo a partir de una foto que tomes de la realidad. Por ejemplo, así lo hizo el poeta Octavio Paz, como puedes observar en la imagen de la derecha (Pincha sobre ella y la verás más ampliada).
- MICRORRELATOS: es una historia mínima que se cuenta en pocas líneas, pero no es un resumen de otra historia más larga. Los microcuentos suelen significar algo más grande que no se dice directamente; es algo muy pequeño pero con un gran significado. Tiene un final inesperado y este sucede rápidamente. Los detalles de la historia tienen que ser seleccionados, con muy pocos personajes (uno o dos bastan), en un solo tiempo y en un solo espacio, generalmente. El título es esencial porque forma parte de la historia. A veces podemos mezclar personajes o situaciones de otras novelas (intertextualidad) que por nuestro conocimiento podemos identificar. Pero ante todo, procuraremos ser originales y huir de los tópicos.

A continuación os cito algunos de estos microrrelatos: hay grandes autores hispanoamericanos que escribieron estas pequeñas historias (y a la vez grandes). Es el caso de :

- Gabriel García Márquez: El drama del desencantado"...el drama del desencantado que se arrojó a la calle desde el décimo piso, y a medida que caía iba viendo a través de las ventanas la intimidad de sus vecinos, las pequeñas tragedias domésticas, los amores furtivos, los breves instantes de felicidad, cuyas noticias no habían llegado nunca hasta la escalera común, de modo que en el instante de reventarse contra el pavimento de la calle había cambiado por completo su concepción del mundo, y había llegado a la conclusión de que aquella vida que abandonaba para siempre por la puerta falsa valía la pena de ser vivida".


- Julio Cortázar: Continuidad de los parques:
(Escucha el cuento en la voz del autor pinchando aquí:
http://www.hotshare.net/es/audio/35996-5723006e9c.html )

Había empezado a leer la novela unos días antes. La abandonó por negocios urgentes, volvió a abrirla cuando regresaba en tren a la finca; se dejaba interesar lentamente por la trama, por el dibujo de los personajes. Esa tarde, después de escribir una carta a su apoderado y discutir con el mayordomo una cuestion de aparcerías, volvió al libro en la tranquilidad del estudio que miraba hacia el parque de los robles. Arrellanado en su sillón favorito, de espaldas a la puerta que lo hubiera molestado como una irritante posibilidad de intrusiones, dejó que su mano izquierda acariciara una y otra vez el terciopelo verde y se puso a leer los últimos capítulos. Su memoria retenía sin esfuerzo los nombres y las imágenes de los protagonistas; la ilusión novelesca lo ganó casi en seguida. Gozaba del placer casi perverso de irse desgajando línea a línea de lo que lo rodeaba, y sentir a la vez que su cabeza descansaba cómodamente en el terciopelo del alto respaldo, que los cigarrillos seguían al alcance de la mano, que más allá de los ventanales danzaba el aire del atardecer bajo los robles. Palabra a palabra, absorbido por la sórdida disyuntiva de los héroes, dejándose ir hacia las imágenes que se concertaban y adquirían color y movimiento, fue testigo del último encuentro en la cabaña del monte. Primero entraba la mujer, recelosa; ahora llegaba el amante, lastimada la cara por el chicotazo de una rama. Admirablemente restallaba ella la sangre con sus besos, pero él rechazaba las caricias, no había venido para repetir las ceremonias de una pasión secreta, protegida por un mundo de hojas secas y senderos furtivos. El puñal se entibiaba contra su pecho, y debajo latía la libertad agazapada. Un diálogo anhelante corría por las páginas como un arroyo de serpientes, y se sentía que todo estaba decidido desde siempre. Hasta esas caricias que enredaban el cuerpo del amante como queriendo retenerlo y disuadirlo, dibujaban abominablemente la figura de otro cuerpo que era necesario destruir. Nada había sido olvidado: coartadas, azares, posibles errores. A partir de esa hora cada instante tenía su empleo minuciosamente atribuido. El doble repaso despiadado se interrumpía apenas para que una mano acariciara una mejilla. Empezaba a anochecer.
Sin mirarse ya, atados rígidamente a la tarea que los esperaba, se separaron en la puerta de la cabaña. Ella debía seguir por la senda que iba al norte. Desde la senda opuesta él se volvió un instante para verla correr con el pelo suelto. Corrió a su vez, parapetándose en los árboles y los setos, hasta distinguir en la bruma malva del crepúsculo la alameda que llevaba a la casa. Los perros no debían ladrar, y no ladraron. El mayordomo no estaría a esa hora, y no estaba. Subio los tres peldaños del porche y entró. Desde la sangre galopando en sus oidos le llegaban las palabras de la mujer: primero una sala azul, después una galería, una escalera alfombrada. En lo alto, dos puertas. Nadie en la primera habitación, nadie en la segunda. La puerta del salón, y entonces el puñal en la mano, la luz de los ventanales, el alto respaldo de un sillón de terciopelo verde, la cabeza del hombre en el sillón leyendo una novela.

- Augusto Monterroso: La oveja negra, El dinosaurio.

- Ana María Shua: ¡Arriad el foque!¡Arriad el foque!, ordena el capitán. ¡Arriad el foque!, repite el segundo. ¡Orzad a estribor!, grita el capitán. ¡Orzad a estribor!, repite el segundo. ¡Cuidado con el bauprés!, grita el capitán. ¡El bauprés!, repite el segundo. ¡Abatid el palo de mesana!, grita el capitán. ¡El palo de mesana!, repite el segundo. Entretanto la tormenta arrecia y los marineros corremos de un lado a otro de la cubierta, desconcertados.
Si no encontramos pronto un diccionario, nos vamos a pique sin remedio.


Y autores españoles, entre los que destacamos a la novelista española ganadora del Cervantes en el 2010:
- Ana María Matute: MúsicaLas dos hijas del Gran Compositor –seis y siete años- estaban acostumbradas al silencio. En la casa no debía oírse ni un ruido, porque papá trabajaba. Andaban de puntillas, en zapatillas, y solo a ráfagas, el silencio se rompía con las notas del piano de papá.
Y otra vez silencio.
Un día, la puerta del estudio quedó mal cerrada, y la más pequeña de las niñas se acercó sigilosamente a la rendija; pudo ver cómo papá, a ratos, se inclinaba sobre un papel, y anotaba algo.
La niña más pequeña corrió entonces en busca de su hermana mayor. Y gritó, gritó por primera vez en tanto silencio:
-¡La música de papá no te la creas…! ¡Se la inventa!
- Luis Mateo Díez: El pozoMi hermano Alberto cayó al pozo cuando tenía cinco años.
Fue una de esas tragedias que solo alivian el tiempo y la circunstancia de la familia numerosa.
Veinte años después mi hermano Eloy sacaba agua un día de aquel pozo al que nadie jamás había vuelto a asomarse.
En el caldero descubrió una pequeña botella con un papel en el interior.
“Este es un mundo como otro cualquiera”, decía el mensaje.

Como podéis apreciar, los hay de todas clases.
Así que ¡a la tarea! Inventad vuestros haikus y vuestros microrrelatos.

Si queréis leer más, podéis ver ejemplos de microrrelatos hiperbreves en la página http://www.ucm./info/especulo/numero32/exbreve.html de David Lagmanovich.


-ACTIVIDAD PROPUESTA PARA TODOS LOS GRUPOS DE ESO:

Escribe tu microrrelato a partir de la imagen del ojo en la cerradura:




- ACTIVIDAD PARA 3ºY 4º ESO:

Escribe tu microrrelato a partir de la imagen de la estación de tren (pincha en ella y podrás verla ampliada):














































































































































































viernes, 21 de enero de 2011

"TENGO MIEDO A..."




A partir del texto de Xabier P. Docampo en su libro Cando petan na porta pola noite", los alumnos/as de 3º de ESO nos revelaron sus miedos... Estos son algunos de los textos que crearon (siento no poder ponerlos todos, pero es que sois muchos..., así que seleccioné uno o dos de cada grupo):

CHAVELA VIDELA VALENTI (3ºA)
De las islas sin Robinsón.

A que la soledad no tarde en llegar.

A que desaparezcan todos esos juegos que me ataban a la infancia.

Al día en que mi lápiz ya no escriba.

De echar la vista atrás y no encontrar un gramo de locura que valiera la pena recordar.

A que se extingan los amores que inspiraron a los poetas.

Al sabor del "no me quiere".

De no poder curar las heridas de los míos.

Que aun yéndome lejos, no sepa encontrar la felicidad.

De que mi primer apellido se olvide de mi nombre.

A no encontrar chocolate en la estantería una tarde gris de domingo.

De que no lleguen nunca los viernes a las 17:00 h.

A decidir por mí misma.

A que un día se aburra... y se olvide de quererme.

De que el fin del mundo no me pille bailando.

De los mismos miedos que tenía a los cuatro años, sumándole nueve más de incertidumbres.

De más cumpleaños sin papá...

De mí; de ti, en fin; de mí sin ti...

MARÍA MAQUIEIRA RODRÍGUEZ (3ºA)

A tropezar en público.
A que haya un día sin mañana.
A que llegue un día en el que "las de siempre" se alejen "para siempre".
A que se terminen las risas, las bromas...
A subir sola a casa, a cualquier hora del día...
A las tormentas, truenos y relámpagos.
A los animales que de pequeña me fascinaban.
A que me puedan sustituir de un solo click.
A no ser lo que siempre creí ser.
A luchar por causas perdidas, y darme cuenta tarde.
A que un día, de repente, no haya nadie.
A hacer sentir mal a la gente.
A que se termine el mundo antes de haber hecho todo lo que me tengo propuesto.
A mis miedos.
A no alcanzar mis metas.
A batir records que otros se propusieron.
A que se pierda el espíritu navideño por completo.
A que pasados los años, mi lista de miedos aumente.

ÓSCAR FERNÁNDEZ ROCA (3ºA):
A no poder reir.
A no poder llorar.
A la muerte.
A la vida.
A la luz.
A la oscuridad.
A no ser yo mismo.
A la confianza.
Al poder.
A ganar.
A perder.
A ver lo que no quiero ver.
A ser lo que no quiero ser.
A olvidar sentimientos.
A no tener miedo.
A no sentir nada.
A defender lo indefendible.
A darme por vencido.
A no pensar.
A quedarme callado.
A que desaparezcan mis amigos.
A contar un secreto.
A todo...

NOEMÍ VÁZQUEZ (3ºB)

Cuando lo hago mal.
A perderme en el bosque.
A levantar la vista y no ver.
Al silencio.
Al exceso de ruido.
A no ser lo que los demás esperan de mí.
A no ver la luz del día.
A no ver la luna de noche.
A ser maltratada.
A no poder gritar.
A ser una cobarde.
A no poder con lo que se me viene encima.
Al desprecio.
A que alguien destruya mi alma.
A no coger el tren de mi vida.
A la muerte de los míos.
A no llegar a donde se me exige.
A los monstruos.
A no confiar.
A confiar demasiado.
A no luchar.
A que me derroten en lo único que sé hacer.
A ser un estorbo para el mundo, o a ser una persona más, nada especial.
A no ser merecedora de esta vida.
Cuando lo hago bien.

ANTÍA ANDREU RODRÍGUEZ (3ºB):

A la soledad.
A que se apague la luz.
A sentir el ruido de los árboles al silbar.
A vivir.
A no vivir.
A los días de tormenta en mi habitación.
A sentir la lluvia en mi cara una noche fría y oscura.
A no triunfar.
A no tener mi vida propia.
A llorar sin necesidad.
A la Navidad.
A no crecer.
A no ser feliz.
A ver sufrir a los demás.
A amar a quien no me ama.
A despedirme de un ser querido.
A no volver a ver la luz del sol.
A no ser nadie.
A no hacer nada bien.
A ser derrotada.
Al exceso de gente.


3ºC: LARA PRADO PÉREZ.
Cuando todo queda en silencio y solo oigo mi respiración.
A que todos a quienes quiero se vayan para no volver.
A que mis amigos me olviden.
A no tener amigos.
A que alguien me odie.
A que cuando me muera nadie se acuerde de mí.
A no poder vivir todos los días de mi vida con felicidad.
A no poder cumplir ninguno de mis sueños.
A no poder ver mundo.
A no aprender lo suficiente.
A no enseñarle nada a nadie.
A no hacer nada importante en mi vida.
A hacerle daño a alguien.
A que cambie demasiado.
A que todos sean felices menos yo.
A que no exista la felicidad.
A que miles de niños se mueran de hambre sin poder hacer nada.
A morir en la guerra.
A la guerra, aunque no me muera.
A morirme sin decir la verdad.
A las alturas.
A montar en avión.
Cuando suena el teléfono por la noche y estoy sola.







Y ahora voy a incluir aquí algunos de los poemas que han escrito este nuevo curso el del 2013-2014 algunos de los alumnos de 3º de ESO (solo algunos porque no puedo ponerlos todos, aunque es muy difícil seleccionar...)

AINHOA SOTO BOULLOSA (3ºA):

Tengo miedo

A las sonrisas fingidas
A la ignorancia
A descubrir demasiado
A que el Sol se esconda sin habernos visto juntos
A las despedidas
A no poder despedirme
A llorar sola
A no tener quien me aparte el pelo de la cara
A que el dolor le pueda a la felicidad
A morir sin haber tocado el cielo de un salto
A encontrar un color mejor que el de tus ojos
A dejar de reír
A que la tristeza sea el único motivo por el que llorar
A no sentir la música
A las mañanas sin tus buenos días
A no soñar
A que la estrella que más brilla, un día se apague
A que los planes salgan del revés
A que deje de ser nuestro para ser sólo un número
A que el cielo gris oculte las estrellas
A las tardes de domingo sin compañía
A girarme y que no estés
A un final triste
A un final feliz
A nuestro final
A que las canciones dejen de hablar de ti
A que el viento apague las velas
A que la S de siempre se convierta en una D de decepción
A quedarme sola en París
A que el olor a café desaparezca de casa
A dejar de ver formas en las nubes
A olvidar
A olvidarte
A que me olvides



IVÁN GARRIDO (3ºA):  Fijaos la curiosa coincidencia (o continuación) entre lo que nos dice Ainhoa sobre la S y la D y lo que comenta Iván...


Tengo miedo

A que nuestros planes se vayan con una estrella fugaz.

A que la D se imponga a la S.

A Venecia sin tu sonrisa como puesta de sol.

A que  nuestro número ya no sea solo nuestro, que sea uno más.

A que algo o alguien me impida hacer lo que más me gusta.

A mirar el cielo y no ver nuestra estrella brillando más que las otras.

A verte sonreír y no ser yo el motivo.

A no verme reflejado es tus ojos cuando te miro.

A acostarme sin nadie en cama al que abrazar.

A que apueste cara y me salga cruz.

A dejar escapar oportunidades que nunca van a volver.

A dejar de besarnos bajo la lluvia.

A no pasar el invierno abrazado a ti.

A no poder susurrarte te quiero al oído.

A que pase el tiempo y no me de cuenta.

A que te vayas... sin mí.

A no tener el valor de hacerte feliz.

A no alcanzar mis sueños.

A no escuchar a los grillos cantar de noche.

A que no te quedes dormida en mi pecho.

A que Isaac e Ainara solo sean unos nombres.

A que tus labios no sean míos.

A que nuestras miradas se crucen y no se digan nada.

A que me olvides.

A fallarme, a fallarte.

A la oscuridad

A que me faltes


KEVIN MIKAEL RODRÍGUEZ LANDEIRO (3ºA):

Tengo miedo ...

A no ser nada
A no vivir lo suficiente
A perder la indiferencia
A que se me acabe la paciencia
A no ser oído
A ser siempre despistado
A que me dejen de lado
A vivir solo
A perder a mi familia
A no realizar mis proposiciones
A que nadie me comprenda
A no enamorarme... otra vez
A fallar
A no saber cómo funciona el mundo
A no ser yo mismo
A tener siempre vergüenza
A no recordar
A tener que cargar con la culpa de algo
A ser olvidado
A que se me acabe la imaginación
A volverme loco.


JOSÉ BARROS BLANCO (3ºA):   

Tengo miedo ...

Al miedo,
a los lunes,
a mí mismo,
a estar solo,
a ser imprescindible, y 
a la injusticia.
A no morir nunca,
a despertarme sin ella,
cuando ella se va,
a ser el mejor, y también
 a ser el peor.
A ser un simple peón,
a la clase de Biología, y
a luchar por motivos vanos.
A querer y no ser querido, y también
al hoy y al mañana.
A tener más de lo que necesito,
a hacer daño a los que más quiero,
a que todos los días sea diecinueve de septiembre,
a ser lo que los demás quieren que sea,
a que me rompan el corazón una vez más, y
a que sea posible quererla más de lo que ya hago.

ALEXANDRA COLLAZO CERNADAS (3ºB):

Tengo miedo ...



a una soledad infinita
a la oscuridad en una fría noche de invierno,
a la más dulce y pura felicidad de amor,
de regresar al pasado y no poder volver nunca más
a una amistad estrictamente profesional,
a un libro sin historia, 
a las islas sin mar,
a zambullirme en las frías aguas del río sin sentir ese cosquilleo en el cuerpo,
a despertarme una mañana de primavera sin sentir una pizca de alegría en el alma,
a algún día en que me dé cuenta de no poder cumplir mis sueños,
a no tener eso en la vida llamado sentimientos,
a mi padre, a mi madre, a toda mi familia en conjunto y en total,
a ver pasar la vida ante mis ojos y no poder hacer nada para evitarlo,
por eso digo a toda la vida y a la nada al mismo tiempo
y...
en definitiva, a todo el universo en sí.



BRAIS MARTÍNEZ PÉREZ (3ºB):
Miedo

A olvidarme de los que quiero
A que me olviden los que necesito
A que no haya nada por lo que seguir adelante.
A no cumplir mis metas.
A no tener miedo a perder a alguien.
A dejar de soñar.
A perder la esperanza en cumplir mis sueños.
A que la familia pierda integrantes.
A que la despensa esté vacía
A dejar oler la comida al llegar a casa.
A que nadie me aconseje después de los partidos.
A no tener a nadie con quien pelear
A tenerlo todo.
A perderlo todo...
A no ser recordado.
A empezar algo nuevo.
A no saber nada.
A saber demasiado.
A el día que todo termine.
A no haber sido feliz.
A fallarle a quién me importa.
A que el sol deje de brillar.
A que la luna deje de salir.
A una vida sin sentido.
A no poder hacer lo que me gusta.
Y que no me guste lo que haga.
A la inseguridad.
Y a estar confiado.
Miedo a no sentir miedo.

JESSICA FERREIRA (3ºB):

 Tengo miedo



A que nadie me llore.
A perderle.
A que todos me odien.
 A las agujas.
A que la magia del momento no exista.
A mirarme en el espejo.
A hacerle daño a la gente que quiero.
A quedarme sin los tranquilizadores abrazos.
A que algún día mi risa se agote.
A estar obligada a hacer cosas que no quiero.
A la oscuridad y a quien la acecha.
A quedarme sin voz.
A no poder dar mi opinión.
A no dormir tranquila.
A que nadie me apoye.
A que me acorralen.
A quedarme sin respiración.
A no poder disfrutar de la vida.
A no sentir placer.
A que en mi futuro no esté él.
A no poder afrontar mi día a día.
A muchas cosas más.

AARÓN GARCÍA CAMPOS (3ºB): 


Tengo miedo
A no disfrutar de cada instante de la vida
A ser olvidado
A no creerme nada cuando en realidad soy algo
A que las pesadillas infantiles que me atormentaban vuelvan a mí algún día
A abandonar a quienes quiero
A sentir la soledad
A no saber reaccionar ante lo desconocido
A sentir que uso el miedo como excusa para darme por vencido
A perder mi sentido del humor
De ya no sentirme yo cuando sea mayor
De perderme momentos que nunca volverán
De sentirme indefenso ante un gran desafío
De no mostrar mis sentimientos
De perder a quienes quiero sin poder hacer nada por evitarlo
De que mi parte amarga, fría, cobarde, aburrida y monótona devore a mi parte alegre, entusiasta, decidida, animada y diferente.
A perderme y no poder encontrarme

De no poder ser feliz conmigo mismo y con los demás.










sábado, 8 de enero de 2011

"Pero la gramática, ¿para qué sirve?"


Esta es la pregunta que se formula en el libro La elegancia del erizo de Muriel Barbery. Os cito la respuesta que se da en él, porque para mí es la más acertada de cuantas conozco (y algunas muy sesudas). La protagonista es una niña de doce años, muy muy inteligente, pero quiere ocultar esa característica que la diferencia de los demás, encerrándose en sí misma y buscando la explicación del sentido de la vida. En una de sus reflexiones filosóficas dice: yo creo que la gramática es una vía de acceso a la belleza. Cuando hablas, lees o escribes, sabes muy bien si has hecho una frase bonita, o si estás leyendo una. Eres capaz de reconocer una expresión elegante o un buen estilo. Pero cuando se estudia gramática, se accede a otra dimensión de la belleza de la lengua. Hacer gramática es observar las entrañas de la lengua, ver cómo está hecha por dentro, verla desnuda, por así decirlo. Y eso es lo maravilloso, porque te dices: "Pero ¡qué bonita es por dentro, qué bien formada!", "¡Qué sólida, qué ingeniosa, qué rica, qué sutil!". Para mí, solo saber que hay varias naturalezas de palabras y para estar al tanto de sus posibles compatibilidades, hace que me sienta como en éxtasis. Me parece, por ejemplo, que no hay nada más bello que la idea básica de la lengua, a saber: que hay nombres y verbos. Sabiendo esto, es como si ya te hubieran enunciado la esencia de todo...
También la otra protagonista, Renée, la portera del edificio donde vive Paloma, que también es sumamente inteligente pero que nadie o casi nadie lo sabe, reflexiona sobre la gramática. Ella trabaja como portera de una casa bien de París, y caza los gazapos que sus inquilinos cometen a la hora de expresarse; es decir, que a pesar de no tener la posición social de estos, sí sabe lo que está bien y lo que no, pues durante muchos años ha sido autodidacta y ha ido haciéndose una gran biblioteca en su casa. Cuando un día lee una nota dirigida a ella escrita por Sabine Pallières(esposa de un pez gordo de la industria armamentística, que forma parte del comité de lectura de una importantísima editorial) pero con una falta de ortografía (mal puntuada) se echa las manos a la cabeza y piensa que la lengua, esta riqueza del hombre, y sus usos, esta elaboración de la comunidad social, son obras sagradas. La Belleza de la lengua ha de permanecer y todos tienen la doble misión de venerar y respetar su esplendor.
Para Paloma y para Renée el Arte les sirve para recuperar la ilusión espiritual, y es lo que puede salvar al mundo de los destinos biológicos, que de otra forma, quedarían excluidos toda poesía y toda grandeza.
Este libro lo recomiendo para personas a las que les guste leer, pero que también aprecien el sentido de las palabras, que se sientan a veces almas solitarias, que disfruten con las cosas pequeñas y que les guste, cómo no, divagar y reflexionar sobre la vida en general... Es un libro distinto, donde se habla de muchos temas, del amor, de la amistad, de las diferencias de clase social, de la muerte, de la eternidad, de la familia, y por supuesto, de la cultura y del arte, de la búsqueda continua de la Belleza .. y cuando lo acabas, no te quedas indiferente.

sábado, 16 de octubre de 2010

Actividad sobre el texto de Saramago

1. Después de leer el discurso del autor cuando recibió el galardón más importante de las letras:
- Resume su contenido y saca la idea principal que el autor quiere transmitir.
- Busca la pag. www.escritores.org/ y luego accede a "José Saramago" para conocer un poco a este escritor portugués. Anota los títulos de algunas de sus obras.
-Para reflexionar:
En el discurso se hace referencia a un aspecto importante relacionado con la literatura tradicional que estudiamos en clase, y que será clave para el desarrollo de la literatura escrita culta posterior. ¿De qué se trata? ¿Por qué crees que fue tan importante su abuelo en su posterior oficio de escritor?

Discurso de aceptación del premio Nobel de 1998 de JOSÉ SARAMAGO

"De cómo los personajes se convirtieron en maestros y el autor en su aprendiz"
El hombre más sabio que he conocido en toda mi vida no sabía leer ni escribir. A las cuatro de la madrugada, cuando la promesa de un nuevo día venía por tierras de Francia, se levantaba del catre y salía al campo, llevando hasta el pasto la media docena de cerdas de cuya fertilidad se alimentaban él y la mujer.Vivían de esta escasez mis abuelos maternos, de la pequeña cría de cerdos que después del desmane eran vendidos a los vecinos de nuestra aldea de Azinhaga, en la provincia del Ribatejo. Se llamaban Jerónimo Melrinho y Josefa Caixinha esos abuelos, y eran analfabetos uno y otra. En el invierno, cuando el frío de la noche apretaba hasta el punto de que el agua de los cántaros se helaba dentro de la casa, recogían de las pocilgas a los lechones más débiles y se los llevaban a la cama. Debajo de las mantas ásperas, el calor de los humanos libraba a los animalillos a una muerte cierta. Aunque fuera gente de buen carácter, no era por primores de alma compasiva por lo que los dos viejos procedían así: lo que les preocupaba, sin sentimentalismos ni retóricas, era proteger su pan de cada día, con la naturalidad de quien, para mantener la vida, no aprendió a pensar mucho más de lo que es indispensable. Ayudé muchas veces a este mi abuelo Jerónimo en sus andanzas de pastor [...] Y algunas veces, en noches calientes de verano, después de la cena, mi abuelo me decía: "José, hoy vamos a dormir los dos debajo de la higuera". Había otras dos higueras, pero aquella, ciertamente por ser la mayor, por ser la más antigua, por ser la de siempre, era, para todas las personas de la casa, la higuera. En medio de la paz nocturna, entre las ramas altas de un árbol, una estrella se me aparecía y después, lentamente, se escondía detrás de una hoja y, mirando en otra dirección, tal como un río corriendo en silencio por el cielo cóncavo, surgía la claridad traslúcida de la Vía Láctea, el Camino de Santiago, como todavía le llamábamos en la aldea. Mientras el sueño llegaba, la noche se poblaba con las historias y los sucesos que mi abuelo iba contando: leyendas, apariciones, asombros, episodios singulares, muertes antiguas, escaramuzas de palo y piedra, palabras de antepasados, un incansable rumor de memorias que me mantenía despierto, al mismo tiempo que me acunaba. Nunca supe si él se callaba cuando descubría que me había dormido, o si seguía hablando para no dejar a medias la respuesta a la pregunta que invariablemente le hacía en las pausas más demoradas que él, calculadamente, introducía en el relato: "¿Y después?". Tal vez repitiese las historias para sí mismo, quizá para no olvidarlas, quizá para enriqucerlas con peripecias nuevas. En aquella edad mía y en aquel tiempo de todos nosotros, no será necesario decir que yo imaginaba que mi abuelo Jerónimo era señor de toda la ciencia del mundo. Cuando, con la primera luz de la mañana, el canto de los pájaros me despertaba, él ya no estaba allí, se había ido al campo con sus animales, dejándome dormir.